Tal vez me vuelva a enamorar de vos. Siempre tal vez lo haga.
Puedo mirar desde afuera lo que fuimos, y lo que fui cuando fuimos. Porque fuimos. A nuestra manera, pero fuimos.
Fuimos tierra mientras fuimos del viento, luego mar entre tus ojos y mis lágrimas, luego aire, sólo aire, que no es poco, no es mucho, no es calor, no es frío.
Y lo que fuimos lo seguimos siendo, y lo que somos lo seremos, sin importar los siglos de variedades que transcurran en el medio. Mientras el hilo que conecta tus pupilas con las mías por más fino no se rompa.
Creo que cada vez que veo ese hilo, me enamoro por un rato. La trillada mariposa me recorre, y me convierto en la nena tímida que pretendo no ser, y bajo la mirada, y no la subo, no la subo más. Y cuando no la subo más y puedo sentir que nunca la bajaste, la nena tímida es más tímida, y el calor de la vergüenza se mezcla con la alegría de que vos seas el que nunca rompe el hilo.
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