Era impagable la manera en que me mirabas cuando te contaba historias.
Pero más la manera en que lo hacías cuando callaba.
Vos siempre callabas. Como me gustaba que callaras. Creo que me invitabas a tu silencio. Yo sentía que el silencio nunca iba a ser incómodo. Que callabas para sólo mirarme y querías que yo callara para sólo mirarte, y que ahí estaba el mundo entero.
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