Me sorprendiste. Miraba a mi alrededor y escuchaba historias hermosas, terribles, pero nunca te hubiera esperado.
Me pusiste la piel de gallina, me hiciste correr la mirada primero. Me despeiné toda, me desordené, crecí, creciste en mi. No, no creciste en mi, naciste crecido, enorme.
Saltamos, escuchamos música, nos reímos mucho, hasta que pude mirarte un día, y te hablé. Casi que te canté, porque fue lo más dulce que podría haberte dicho, y dejé que me llevaras entera... no te animaste. Amor, no te animaste. La vida pasó y tenés una cara tan distinta ahora. No te animaste. Y no fuiste más amor. Aunque lo habías sido, y cuánto lo habías sido, no te das una idea.
Cuando volviste tenías el pelo más corto, estabas más alto, y pensé que eras vos de nuevo, y me puse tan feliz. Estallaba, me quedé sorda en unos pocos días. Qué más daba, no veía razones para no entregarme. Me diste vuelta como un guante, me ensuciaste y me quedé sola. Con tu cabeza al lado de la mía en la almohada, sola. Tarde mucho tiempo en descubrir que las razones que sí tenía para no entregarme no eran tuyas. Simplemente porque no eras vos. Nunca habías vuelto en verdad. Me confundí. Y agradecí al universo el haberme dado cuenta "a tiempo" (hay marcas que nunca se borran). Por suerte yo seguía siendo yo.
No pasó mucho tiempo. Me agarraste la mano tan fuerte. Ahora eras vos, amor, el que quería más. Y yo creía que eso me dejaba a mí con ventaja, que es superior el que quiere menos, el que siente menos. Que error. Que lástima no haber querido más, pero no vale la pena lamentarse. Sé que no quería, y llegó un día que no lo negué más. Pero gracias. Gracias desde acá hasta el último día, gracias. Por la mano, la palabra, la mirada, llenas de un amor que no sentí.
Otra ilusión más, otra confusión. Pero esta vez, hermosa.
No tomaste forma por un rato. No quise buscarte, seguía siendo yo, y yo no buscaba, encontraba. Amaba jactarme de eso.
Y encontré. Llegaste casi igualito a cuando naciste. Sólo que yo ya era más grande, y eso siempre debería ser positivo. Esta vez no tanto.
Me miraste, me agarraste, me llevaste, me bailaste, me desnudaste, me reí, te reíste, nos reímos todos los días, y mantuvimos el silencio. En verdad, tu silencio se transformó en el mío. Creí lo mejor que calláramos juntos, no vaya a ser que te agobie con palabras, amor. Palabras de amor.
Un día como cualquier otro me dejaste en la calle con frío, diste vuelta la esquina, y desapareciste de mi vista. Te quedaste ahí a la vuelta, amor. Asustado de tenerme, asustado de perderme. Lloraste, sé que lloraste por los dos. Nunca volviste porque nunca te fuiste. Pero los besos no se dan con la boca cerrada. Ya no fui yo. Fui un nudo que empezó a crecer el día que doblaste la esquina. Lo soy.
Estás ahí, amor?
lunes, 26 de abril de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
Me veo siendo feliz dentro de mi complejidad, pero la práctica es otra cosa. Quien quisiera ser simple y feliz? Yo no. Ser intensa y ser rígida son discernibles, pero es difícil cuando te nace tan de adentro que por más esquema perfecto para la conversación perfecta, para la seducción perfecta, para la reconciliación perfecta, se va al carajo apenas empezás a hablar. Y vienen los argumentos, la moral, la dureza, la inflexibilidad, etc. y después el arrepentimiento, que ya a esta altura debería ser una palabra olvidada, si no prohibida.
Nunca voy a olvidarme del día que salí de mi casa y tomé tan firmemente una decisión y me convencí tanto de que iba a poder, que pude.
Intento recordarlo cada vez que salgo y siento que la cabeza puede explotarme en cualquier momento y que no puedo parar de traspirar y me tiembla el pulso. Intento recordarlo por más dificil que sea, porque hay que creersela un poquito en la vida. No tanto como en el escenario... o tal vez si.
Porque si no te la crees no podés cambiar y a veces hay que cambiar. Cambiarte a vos o cambiar el rumbo de las cosas, apoderarte un ratito de la situación y dejarla tal cual la querés, hasta que se desarme de nuevo, pero nunca nunca nunca te vas a olvidar de ese momentito.
Como admitir que no estas completo, admitir que necesitás mucho más, el doble.
Que a veces no sabés y que te sorprendés de que no sabés, y eso te gusta.
A mi me encanta. Y prometo demostrarlo.
Nunca voy a olvidarme del día que salí de mi casa y tomé tan firmemente una decisión y me convencí tanto de que iba a poder, que pude.
Intento recordarlo cada vez que salgo y siento que la cabeza puede explotarme en cualquier momento y que no puedo parar de traspirar y me tiembla el pulso. Intento recordarlo por más dificil que sea, porque hay que creersela un poquito en la vida. No tanto como en el escenario... o tal vez si.
Porque si no te la crees no podés cambiar y a veces hay que cambiar. Cambiarte a vos o cambiar el rumbo de las cosas, apoderarte un ratito de la situación y dejarla tal cual la querés, hasta que se desarme de nuevo, pero nunca nunca nunca te vas a olvidar de ese momentito.
Como admitir que no estas completo, admitir que necesitás mucho más, el doble.
Que a veces no sabés y que te sorprendés de que no sabés, y eso te gusta.
A mi me encanta. Y prometo demostrarlo.
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