Cuando era chiquita y en la escuela cantábamos Aurora en los actos, en la parte de "azul un ala, del color del cielo, azul un ala, del color del mar", yo cantaba "a su lunala, del color del cielo, a su lunala, del color del mar"... Para mi el águila guerrera vivía en una "lunala", que era como una cuevita para águilas.
En la canción de Hugo Midón "El Sofocón", decía "como trapo de piso, nos trata como trapos, nos entierra debajo del mapa, en el anonimato"... Toda la infancia pensé que el Anonimato era un lugar.
En el final del himno, no entendía por qué debíamos jurar morirnos con Gloria, osea con una señora llamada Gloria, ni que hubiera tantas Glorias en el mundo para que todos tengamos una con la cual morirnos, la mitad de la población debería llamarse Gloria!
No sé si pasé mucho tiempo sin preguntar lo que no entendía por vergüenza, o porque sabía que la verdad podía ser mucho más aburrida que mis fantasías :)
martes, 17 de noviembre de 2009
Anécdota de dos ciegos
En séptimo grado teníamos que hacer un trabajo sobre los cinco sentidos. A mi junto con dos compañeras, me tocó la vista.
Para hacer el trabajo, fuimos a una biblioteca de ciegos, a charlar con ellos, con los coordinadores de la biblioteca, y que nos den un par de revistas en braile.
En la recepción, nos pusimos a hablar con un hombre ciego. En medio de la charla, me pidió si no le servía un café de la máquina.
Me dio vergüenza admitir que a los 12 años aún no había usado nunca una "de esas", y en pocas palabras, me hice la capa. Me dio la monedita, la puse, apreté el botón y me di media vuelta para decirle algo a mi amiga, cuando escucho que el hombre parado al lado de la máquina y todo lleno de café en el saco me decía "ME ESTOY MOJANDO, ME ESTOY MOJANDO"... que genia, no había puesto el vaso...
Para hacer el trabajo, fuimos a una biblioteca de ciegos, a charlar con ellos, con los coordinadores de la biblioteca, y que nos den un par de revistas en braile.
En la recepción, nos pusimos a hablar con un hombre ciego. En medio de la charla, me pidió si no le servía un café de la máquina.
Me dio vergüenza admitir que a los 12 años aún no había usado nunca una "de esas", y en pocas palabras, me hice la capa. Me dio la monedita, la puse, apreté el botón y me di media vuelta para decirle algo a mi amiga, cuando escucho que el hombre parado al lado de la máquina y todo lleno de café en el saco me decía "ME ESTOY MOJANDO, ME ESTOY MOJANDO"... que genia, no había puesto el vaso...
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