I
olor dorado
no te vayas
aquella habitación
que me cuidó tantos años
II
mandarinas
pegadas en la piel
que sudaba al ritmo del calipso
III
entre el mar
y esas calles arboladas
alguna vez creí encontrar
IV
tierra roja
el pasto de siempre
aquel bar
rojitas las orejas
de dos tontos resignados
V
manjares dominicales
vainilla humeaba
sobre la cama, tan constante
a los que todo
a los que siempre
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