Juli y yo habíamos vuelto a la isla del sol. Pero no era la isla del sol, era una isla caribeña y ricachona. Cami, Anita y otra amiga de ellas llegaban unas horas después y nos las encontrábamos (de casualidad, no estábamos viajando con ellas). Las casitas que había para parar eran de madera y algunas paredes estaban y otras no. Las puertas eran de caña y estaban suspendidas, ahí no había paredes. Cuando habíamos recién llegado, a Juli y a mi se nos había caído la puerta abajo. Caía enroscandose sobre sí misma. A Cami, Ani y la amiga las ponían en 3 habitaciones distintas porque no había lugar, y en la de Cami, pasaba lo mismo con la puerta. Ella se enojaba y decía que se lo arreglaran ya, que mirá si a la noche se le caía en la cabeza.
A todo esto, fui a pedir ayuda a un encargado. Entonces me mandaron a Tevez. Me explicó que con el mar tan cerca a veces las puertas se caen, y arregló la puerta de Cami. Yo me fui pensando "que raaaro che, Tevez acá, con toda la plata que gana! y encima ahora es el mundial!".
En otras cabañitas sin paredes había una señora gorda con maya de leopardo que tomaba sol sobre un montículo de agua. En verdad tomaba sombra, techo había. El montículo de agua no tenía sostén, vencía totalmente la ley de gravedad. De repente un señor canoso y vestido así nomás, viene con su heladerita y dice "Señoras, les puedo ofrecer un buen champagne?" y las señoras (las que estaban abajo y la del montículo de agua) se ponen como locas. Era dificil pasarle la botella a la señora porque rodaba por el agua y caía al suelo, hasta que lo lograron. El vendedor les explicaba las propiedades de cada champagne.
Yo me iba a caminar y encontraba una señora que parecía travesti. Pero era mujer. Tenía un gran pelo rubio y mucho maquillaje. En sus rulos en la parte más cercana a la cara tenía como circulitos de colores teñidos. Y estaba cocinando pancitos muy parecidos a su pelo, todos de colores, como de circulitos de colores uno pegado al lado del otro. La miro, le sonrío y me regala dos pancitos, uno era verde.
En eso escucho a una señora que venía a comprar los pancitos que dice que la ruta a Vancouver ya estaba liberada de nieve y que se podía ir.
Me voy a sentar a la mesa y me encuentro con mi prima Gabi. Nos abrazamos y le pregunto con quien había viajado. Me cuenta que sola, que se sacó un pasaje a Bolivia sola, y que no sabe tampoco como va a seguir su viaje, que no hay nada planeado. El espacio cambia y parecíamos estar en un bar de buenos aires a la noche tarde. Yo le cuento que con Juli tenemos dos opciones: o ir a Vancouver porque Juli tiene familia ahí, que total "es acá nomás", y después bajar desde México hasta Perú y hacer el Machu Pichu. Y la otra era ir subiendo hasta México desde Bolivia, y si llegábamos ir a Vancouver al final. Yo la invitaba a hacer el viaje con nosotras y ella aceptaba, y nos ibamos las dos de ahí, la playa volvía a ser la playa.
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quiero lo que segrega tu cabeza cuando soñás en un vaso
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