No me olvidé aún.
No me olvidé de esa montaña,
ese pedacito de tierra sobre el que nos paramos,
no me olvidé de la manteca de cacao que se me derretía en la boca,
no me olvidé de las narices rojas,
de la respiración cortada,
de nuestros dedos.
No me olvidé de la sonrisa de niño ni de la música.
No me olvidé aún del silencio.
No me olvidé del encaje,
las teorías y los objetos livianos.
No me olvidé de las fotos.
No me olvidé de ese llamado
de esa palabra escrita
de ese ojo enorme.
No me olvidé
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario